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Norman Granz , el hombre que usó el jazz para hacer justicia

Argitaratuta Iñaki Añua | 22 de Octubre de 2013

El título de este blog lo he tomado prestado del libro que publicó en 2011 Tad Hershorn sobre la vida del más grande empresario y productor de la historia del jazz: Norman Granz. Que no solo amaba la música, sino que luchó por los derechos de sus músicos y mantuvo una firme posición anti-racista.

Solo hace falta repasar algunos de los músicos a los que representaba para tomar conciencia de que fue una figura fundamental en el jazz. Por ejemplo: Ella Fitzgerald, Louis Armstrong, Count Basie, Duke Ellington, Charlie Parker, Dizzy Gillespie, Stan Getz, Coleman Hawkins, Billie Holiday, Joe Pass, Oscar Peterson, Johnny Hodges, Art Tatum, Ben Webster, Lester Young, y muchos otros.

Norman Granz creó además JATP (Jazz At The Philharmonic) una gira en la que logró recrear en las grandes salas de conciertos las jam sessions de los clubes de jazz, y que se prolongó desde 1944 hasta 1959.

Mi primer contacto con Norman Granz se produjo en 1981 cuando contratamos a Oscar Peterson para el V Festival de Jazz de Vitoria-Gasteiz. Y al año siguiente volvimos a hablar, en esta ocasión para la actuación de Ella Fitzgerald. Norman tenía su oficina en Beverly Hills, Los Angeles, por lo que todas las negociaciones eran por teléfono, y en aquellos tiempos las conferencias resultaban carísimas. Pero con Norman no solo se hablaba de las condiciones del contrato –a veces en el propio documento aparecían frases textuales dichas en estas conversaciones telefónicas‑ sino que sus palabras derivaban en una clase magistral, por su parte, de cómo se debía organizar un concierto o festival de jazz.
Enseguida me di cuenta de que trabajar con Norman Granz consistía en comprender que todo lo que ofreciéramos a sus músicos debía ser de primera clase. Si lo lograbas, la relación funcionaba, si no, podías tener todos los problemas del mundo.
En 1983 supe que Norman estaría en Londres durante una semana y le propuse mantener allí una reunión. Por fin, hablaríamos cara a cara, sin tener que recurrir al teléfono o al télex, porque en aquella época ni siquiera se había inventado el fax.

Recuerdo lo que me dijo: “No gastes dinero en un viaje a Londres”. A lo que le contesté que me salía más barato ir un fin de semana que las largas conferencias entre Los Angeles y Vitoria.
En Londres me alojé en el mismo hotel que los músicos normales, no en el de las estrellas. He aquí otra de las condiciones de Norman. Los grandes iban siempre al mejor hotel de la ciudad, mientras que los músicos del grupo se alojaban en otro de inferior categoría. Aunque, en Vitoria hicimos una excepción, ya que le convencí de que era más eficaz para nosotros que estuvieran todos el mismo establecimiento.

Volviendo a nuestro encuentro, nos citamos en el Royal Festival Hall, donde coincidimos en el montacargas. Yo me presenté y él, como acostumbraba, fue exquisitamente amable. Abrió la puerta de un camerino y dijo a Joe Pass y NHOP que salieran que tenía que hablar conmigo. Me quedé impactado. Negociamos el concierto de Ella Fitzgerald y Joe Pass y empezamos a discutir la posibilidad de hacer un concierto de Oscar Peterson con los Reyes de la Trompeta (Dizzy Gillespie, Clark Terry y Harry Sweets Edison). Y yo le propuse añadir un cuarto trompetista.

-“No, te equivocas. Eso es dar al público demasiado por lo que paga”. Fue su respuesta.
A lo que yo le respondí: “¿Cómo me dices esto, si hoy vamos a ver al cuarteto de Oscar Peterson, Count Basie Big Band y Ella Fitzgerald?
Norman río, pero la formación quedó como quiso él. Y yo tuve el privilegio de asistir al último concierto en Europa de la Big Band Count Basie.

La última vez que negocié con Norman fue en 1985 para el concierto de Oscar Peterson y Benny Carter, uno de los grandes encuentros de la historia del Festival.
Norman se retiró y vino a vivir a Europa, cuando empezó a estar enfermo. Volví a hablar de él un día en Nueva York, cuando me presentaron a André Kudelski, hijo del inventor del magnetófono profesional NAGRA. Como dos buenos aficionados al jazz, manteníamos una conversación muy entretenida, cuando me comentó:
-“Yo he escuchado los dos conciertos de Ella Fitzgerald en Vitoria”.
-“¿Cómo, dónde y cuándo?”, le pregunté sorprendido.


Me explicó que los había escuchado en casa de Norman Granz en Lausanne. Me enteré que André era el único amigo al que Norman recibía durante sus últimos años de vida. Norman guardaba las grabaciones que yo le hice llegar, hechas por un gran técnico de RNE Miguel Angel Carvajales –sin duda el mejor en este país para grabar un directo -y que yo insistía que se tenía que editar en disco. Norman reconocía la calidad pero decía que ya había discos publicados muy similares con el mismo repertorio y acompañantes. Aún así, supe que las solía volver a escuchar por la alegría que Ella traspiraba en los conciertos de Vitoria.

Norman murió en Ginebra en 2001, pero todo lo que hizo por el jazz sigue con nosotros.

Iñaki Añua