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La viuda de Clifford Brown

Argitaratuta Iñaki Añúa | 8 de Enero de 2015

Aunque quienes me conocen saben que no soy mitómano, me gustaría contaros una anécdota que siempre recordaré porque me removió por dentro. Todos los años, a principios de enero, acudíamos a Nueva York a la reunión de la IAJE, una convención de educadores de jazz. En aquella época, aún se permitía fumar –aunque yo lo había dejado tiempo atrás y en el hotel Park Central todos los fumadores se concentraban alrededor de dos grandes ceniceros situados en el hall.

Yo me encontraba allí mientras la persona que me acompañaba apuraba su cigarrillo. De pronto, apareció una elegante señora alta, guapa y con su acreditación, como todos, colgada al cuello. Me impactó tanto que un periodista americano se percató de mi asombro y me reveló la identidad de aquella mujer: “es la viuda de Clifford Brown”.

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No pude contenerme, la miré sorprendido y le estreché la mano haciéndole una improvisada confesión: “para mí, su marido ha sido una de las mejores trompetas de la historia del jazz”. Y aproveché para agradecerle que hubiera guardado la última grabación que realizó Clifford Brown, no se sabe muy bien donde ¿New York en un club o en una fiesta privada?.

Ese momento fue muy emocionante porque pude expresarle a Larue Brown, así se llamaba aquella fascinante mujer, mi admiración por su marido y también por cómo ella había conservado su último legado. Creó la Fundación Clifford Brown y parte de los beneficios de la publicación de esta grabación sirvieron para la financiación de la fundación.

Clifford Brown murió con tan solo 25 años en un accidente de coche, en junio de 1956, junto con su pianista Ritchie Powell, hermano de Bud Powell. Todo el mundo del jazz lamentó su muerte porque era extremadamente joven y no había dado de sí lo que se podía esperar de él…


Tiempo después le conté esta anécdota a Wynton Marsalis. Como es habitual, siempre que actúa en Vitoria, le llevo de Mendizorroza al hotel en mi coche y en aquella ocasión,  mientras sonaba ‘April in Paris’, con Sarah Vaughan, acompañada por Clifford Brown. Cuando estaba a punto de sonar el solo de trompeta, Wynton me pidió silencio llevándose el índice a la boca, sonrió y comenzó a tararear nota por nota junto al solo de Clifford, ¡a dúo con el!.

Ese momento quizás únicamente pueda ser comparable con otro parecido en el que también se oía a Sarah Vaughan en mi coche. Mi acompañante era Al Jarreau y me regaló un dúo con Sarah irrepetible.

Como podéis suponer, de estos dos encuentros no hay grabación, pero permanecen en mi memoria como si hubieran sucedido ayer.

Iñaki Añúa