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Oscar Peterson: Las manos que conquistaron Vitoria

Published by Iñaki Añua | 1 de Diciembre de 2012

El domingo 23 de diciembre se cumplen 5 años de la muerte de Oscar Peterson y me gustaría aprovechar este blog para hacerle desde aquí un pequeño homenaje al que fuera uno de los músicos más significativos para la historia del Festival.

No en vano, fue la primera gran estrella que subió al escenario de Mendizorrotza. Hablo del año 1981, cuando se celebraba la quinta edición. El Polideportivo se llenó y aquel concierto ha quedado, tanto para la crítica como para el público como “el concierto”.

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Oscar Peterson era canadiense, por lo que hablábamos en francés y siempre nos sentimos muy cercanos. Recuerdo cuando le pregunté cuál era el mejor disco que había grabado y él, sin dudarlo, me contestó que los dos a piano solo: ‘Tracks’ y ‘My Favorite Instrument’ y en trío su versión de “West Side Story” y, sin yo preguntárselo fue categórico: “el mejor concierto el primero que di en Vitoria”
En aquel primer concierto vino acompañado por el contrabajista NHOP (Neils Henning Orsted-Pedersen) y por el gran batería, también canadiense, Terry Clark. Los que queráis escuchar prácticamente el mismo repertorio que ofreció en Vitoria, no dejéis de oír el álbum ‘Nigerian Marketplace’, grabado cuatro días antes en el Festival de Montreux. Eso sí, sin el fuego que irradió en Mendizorrotza, solo los privilegiados que asistimos lo recordaremos. Porque fue tal el nivel de ese concierto que supuso el  lanzamiento del Festival.

Oscar Peterson regresó en ediciones posteriores. En 1983 con los Reyes de la Trompeta: Clark Terry, Dizzy Gillespie y Harry ‘Sweets’ Edison. En 1985, con Joe Pass y Benny Carter.

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Y la última vez, en 1991,  con el Trio Legendario, que era un cuarteto, con Herb Ellis, Ray Brown y Jeff Hamilton a la batería.

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A los músicos que le acompañaban en Vitoria les obligó a probar, en más de una ocasión, uno de sus platos preferidos en el ‘Old Stable’, (como él se refería al Portalón): chipirones en su tinta. Algunos se negaban, pero para Peterson era una delicia degustar “esa maravillosa comida negra”.

Dos años más tarde de su última actuación en Mendizorrotza, en 1993, Peterson sufrió un ictus. Cuando tuve la oportunidad de verle en el Festival de Marciac y comprobar cómo su mano izquierda había quedado prácticamente inerte, sentí una profunda tristeza: era la mano izquierda más maravillosa de la historia del jazz.
Nunca dio una nota falsa porque su técnica era prodigiosa, además de tener un sentido del swing y del blues, realmente increíbles. Así lo supo ver enseguida su descubridor Norman Granz. Viajando en un taxi al aeropuerto de Montreal, allá a mediados de los años 40, escuchó por la radio del taxi a un pianista tocando en directo. Al preguntar al taxista si le conocía, este respondió que no, pero sí sabía dónde estaba la emisora. Le llevó hasta allí y encontró a Oscar Peterson. Lo fichó y Granz se convirtió para siempre en su manager personal.

La última vez que vi a Peterson fue en Toronto en el IAJE, una convención de educadores de jazz. Su heredero musical, Benny Green, ofreció un concierto homenaje. Al finalizar, todos los estudiantes rodearon a Peterson, que ya iba en silla de ruedas, para mostrarle su cariño y admiración. Cuando salió del escenario me vio me sonrió y me señalo con el dedo. Le devolví el saludo llevándome la mano al pecho y recordando una vez más “el concierto” que hizo grande al Festival.

Iñaki Añua