INFORMATION:

Blog Iñaki

ELLA FITZGERALD, una gran dama

Published by Iñaki Añúa | 16 de Septiembre de 2013

Teatro Guridi, 20 de abril de 1982. A punto de comenzar un concierto de Milt Jackson y Ray Brown Quartet, tuve que anunciar a los aficionados la cancelación del concierto que Aretha Franklin iba a ofrecer en julio de ese año. El ¡Ohhhh! de decepción duró lo que tardé en decir el nombre de su sustituta: Ella Fitzgerald, la primera dama del jazz.

En todos mis años al frente del festival, solo he ido a buscar personalmente a una artista, a Ella. Acudí a Biarritz en un impresionante Cadillac matrícula de Vitoria que nos cedía un industrial afincado en la ciudad, y acompañado por Yolanda Aranzábal, la primera traductora del festival. Este viaje y las dos ocasiones en las que vino al Festival, ya que regresó al año siguiente, en el 83, generaron varias anécdotas.

Imagen de Blog

Volviendo a nuestro primer encuentro. Durante el viaje le hice saber mi curiosidad por su casa de Beverly Hills de estilo colonial español. Ella asintió diciéndome:

“Efectivamente, pero se me está quedando pequeña porque, como todos me regaláis libros de cocina, ya apenas me caben. Porque, seguro que tú también tienes un libro para mí, ¿a que no me equivoco?”.

Y, desde luego que tenía un libro de recetas de cocina vasca preparado para regalárselo.

Como hablábamos de su casa, le hice la siguiente pregunta:

-¿Qué se siente al tener colgado en casa un retrato propio pintado por Picasso?

A lo que me respondió irónica:
    
-No lo sé. Se lo llevó Norman para ponerle un marco, pero debe ser un trabajo difícil porque aún no me lo ha devuelto.

Hay que recordar que Norman Granz, su manager personal, era uno de los mayores coleccionista privados de Picasso en Estados Unidos y fue quien promovió una reunión en casa del genial pintor con Ella. Incluso el último sello discográfico que creó Norman se llamó Pablo Records, cuyo logotipo también lo diseñó Picasso.

Ya en Vitoria acudimos a comer al Portalón. Ella comió una ensalada y una lubina. Pero lo realmente sorprendente fue que quiso pagar la comida, a lo que yo reaccioné: “Para mí es un privilegio poder invitarle”.

Ella Fitzgerald fue la Primera Dama de la Canción, la más popular cantante de jazz femenina durante más de medio siglo.
¿Cuál era su mayor exigencia en el camerino?
Una botella de agua.
Siempre los verdaderamente grandes son los más sencillos y los mediocres, los que quieren darse importancia, quienes piden cosas estrambóticas.

Antes de su primera actuación en Vitoria, tuve la ocasión de decirle cómo me gustaba su interpretación de ‘Mack the knife’ grabada en Berlín y le conté que siendo muy joven y estando estudiando francés en Pau estuve un mes ahorrando para el día que volvía a casa comprármelo. También le conté que al llegar a casa me encontré que mi hermano había comprado el LP “Ella in Berlín” con lo que todo mis esfuerzos ahorrativos no sirvieron de nada, a lo que me contestó: “Esta noche lo cantaré y, aunque no lo diga, piensa que te lo estoy dedicando”.

Este concierto de Ella Fitzgerald en Vitoria fue maravilloso por la emoción de verla por primera vez en el escenario de Mendizorrotza, pero su segundo concierto al año siguiente fue de una calidad increíble. El dúo con Joe Pass, improvisando todo el recital, fue prodigioso.

Me siento enormemente afortunado por haber escuchado dos veces en este festival a la gran dama del jazz, pero sobre todo por haber conocido a una maravillosa y sencilla mujer.

Imagen de Blog

Iñaki Añúa