HERBIE HANCOCK
Herbie Hancock, piano
Chris Potter, saxo
Lionel Lueke, guitarra
Dave Holland, contrabajo
Vinnie Colaiuta, batería;
Sonya Kitchell, voz
Amy Keys, voz
10 de febrero de 2008.
La frase más esperada...
... and the Grammy goes to…
¡¡¡HERBIE HANCOCK!!!
No era el primer premio ni será el último pero esta vez tenía un significado muy especial. Un disco de jazz con mayúsculas, sin concesiones, al que no puede ponérsele ninguna otra etiqueta (excepto, eso sí, la de buena música que, en realidad, es la que mejor le cuadra) se llevaba el codiciado Grammy al mejor disco del año, no al mejor disco de jazz (bueno: ese también) sino al mejor disco en todas las categorías (*).
Lógico. Tras oír River (dedicado, además, a la gran dama de la canción: Joni Mitchell, se suman amores: imposible no caer rendido) lo del premio resulta la cosa más natural del mundo. Pocos discos de los últimos tiempos, de cualquier categoría, claro, pueden competir con esta pequeña (por el tamaño, no por el contenido) joya.
No hay nada de curioso tampoco en constatar que esa joya es simplemente un eslabón más en una cadena de piedras preciosas que, por ahora, no parece tener fin. Joyas y premios, porque no sólo Grammys o cosas parecidas acumula nuestro hombre, en su estantería tiene hasta un Oscar por su trabajo musical en aquella inolvidable ‘Round Midnight (¡donde también hacía de actor!).
Herbert Jeffrey Hancok, solista de Bach y Mozart a los once años (con la Sinfónica de Chicago, nada de minucias), viejo colega de maestros de altura como Miles o Sonny, maestro a su vez de innumerables pianistas que le veneran como sólo se venera a una deidad (como le veneramos todos, vaya), maestro también de otros tantos instrumentistas que a su lado han dado lo mejor de ellos mismos (de Bill Laswell a Wynton Marsalis, la lista sería interminable), adalid de la electrónica en el jazz, inventor de un funk que todavía eriza el vello (¡ah! los Headhunters de nuestros mejores recuerdos), culmen del piano acústico, compositor de temas eternos (sólo con Watermelon Man ya hubiera cumplido pero ahí están The Sorcerer o Maiden Voyage por sólo citar otros dos), ...
Etcétera, etcétera, etcétera.
River suena una y otra vez (las maravillas de la tecla repeat). Y seguirá sonando.
Herbie, el viejo amigo al que ahora todos aceptan como el gran maestro que siempre ha sido, vuelve a Mendizorrotza. Un acontecimiento, por supuesto.
Miquel Jurado
(*) El único antecedente data de 1964 cuando Stan Getz se llevó a casa ese mismo galardón por su tremendo plástico con Joao Gilberto pero ahí entra ya la historia de la bossa nova, de Astrud Gilberto rescatada de la cocina de Joao, de la Chica de Ipanema que viene y se va camino del mar... y, aunque sigamos en el campo del jazz (nadie lo duda), se trata ya de otra historia.
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