AGUSTÍ FERNÁNDEZ-BARRY GUY-RAMÓN LÓPEZ TRIO
Agustí Fernandez, piano
Barry Guy, contrabajo
Ramón López, batería
Todavía existen aficionados al jazz en nuestro país que no conocen a Agustí Fernández. Una injusticia. Y no es que el pianista mallorquín busque engordar el número de su público. Bastante tiene ya con indagar nuevos territorios sonoros desde que en su adolescencia se encontró con un pianista desigual llamado Cecil Taylor. De él aprendería que el piano es tan sólo un objeto, cargado eso sí de una intensa y distintiva energía, y que su misión como músico, como creador, es extraer esa energía de sus entrañas y modelarla a su antojo. Como un Marco Polo de la actualidad, Agustí se sienta frente a su instrumento para dirigirse a exóticos lugares que muchos otros renombrados artistas ni se imaginan que existen, y rescatar de allí preciadas especias que traer a los más sedentarios. Para este viaje Agustí elige ser austero, escoger cada nota y hacerla sonar del modo más crudo y bello que se pueda lograr, evocando así del modo más fiel lugares desconocidos para nosotros, misteriosos e insólitos, memorables, extraordinarios.
Larga, muy extensa es la lista de compañeros de viaje de Agustí Fernández. En ella se entremezclan nombres de la estatura de Derek Bailey, Marilyn Crispell, Mat Maneri, Wade Matthews, David Mengual, “Butch” Morris, Tony Oxley, Evan Parker, William Parker, Wolfgang Reisinger, Jordi Sabatés, Matthew Shipp… por citar algunos de los más célebres de entre una lista donde la popularidad no es lo que importa (que para eso es más fácil salir en televisión). Lo que interesa más bien es la práctica de un don que existe más allá de las novelas de ciencia ficción, la telepatía: entre los músicos una suerte de ideas coincidentes, de intuición que les lleva, no sin una dolorosa voluntad de concentración, a engendrar un tipo de sortilegio sobre el escenario que para nosotros los espectadores es pura magia.
Y es esta telepatía la que practican el bajista británico Barry Guy y el baterista Ramón López, dos músicos curtidos en mil y una batallas, sin duda los mejores acompañantes para el nacimiento de un nuevo y peculiar viaje: Aurora. Sí, peculiar, no hay duda de que ahora Marco Polo ha decidido ir a las indias por otros parajes. Según su autor, Aurora nace de un sentimiento y es un estado de ánimo cuya función es agradar, hacer sentir bien a la gente. “Hay pocas notas y mucho juego con los silencios porque no quiero agredir sino invitar a la gente a entrar dentro del sonido”. Es de entender que la natural tendencia a la exuberancia de los dos socios había de ser frenada, despojando de notas el discurso y rebajando la velocidad de éste para encontrase en un paraje más diáfano y sugerente. El propio Barry Guy comenta de la grabación: “Agustí tuvo que indicarnos continuamente que tocáramos más despacio y con menos notas. Creo que era una cuestión de contener esa energía y concentrarla. Aquí una nota lo es todo”. Aurora es la prueba de que la abundancia no es el único modo de alcanzar la plenitud.
Guy admite en una entrevista reciente que, en sus conciertos, “el público tiene que hacer un esfuerzo”. Razón de más para asistir a éste. La recompensa a tal esfuerzo será aún mayor, eso es seguro.
Alejandro Cifuentes | Cuadernos de Jazz y Radio Circulo
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